Había sido una noche agotadora,
se habían amado hasta avanzadas horas de la noche y las batallas habían sido
campales, como siempre. Aún así despertaron relativamente temprano,
conversaron, escucharon música cuando de nuevo comenzaron con unos besos locos
que incendiaron las pasiones nuevamente y que indicaban algo: una nueva batalla
campal se acercaba. Las armas estaban
listas para el ataque, los gritos de guerra no tardaron en oírse y ellos estaban
con la adrenalina al límite y en éxtasis total.
Cuando ambos bandos al fin se
rindieron, él salió apresurado hacia el baño, la llamó, ella acudió rápidamente
y entonces él le comunicó algo que ella oyó como: “Houston, tenemos un problema”.
Había un problema y uno grande,
el escudo de protección había fallado. Juraron que nunca más comprarían esa
marca.
-
¿Qué hacemos?- preguntó ella
-
Debemos destruir el anillo los
espermatozoides- replicó él
-
Ya vamos , pero tenemos hasta las 3 porque mi
bus sale a las 4
-
Tranquila, saldrá todo bien
Ya eran las 12 de un día domingo,
el tiempo corría veloz y el miedo se iba apoderando cada vez más de ellos.
Había que llegar hasta Rohan Centro de Salud X un día domingo
rápidamente. Tomaron un colectivo y fueron hacia Rohan el Centro de Salud
“X”. Las manos de Ella sudaban y se podía ver en sus ojos como el terror se
apoderando lentamente. Estaba muy nerviosa, él para calmarla le daba besos en
la frente de cuando en cuando.
Llegaron hasta Rohan Centro de
Salud “X” y fueron corriendo hasta la ventanilla de atención que
afortunadamente estaba vacía.
-
Buenas tardes - dijeron ambos
-
Buenas tardes, ¿A qué vienen? – dijo la
recepcionista.
Explicar la situación resultaba
incómodo por los muchos prejuicios que tienen las personas en torno al tema.
Los dos se miraron.
-
Venimos por el antídoto para destruir el anillo por
una pastilla del día después – dijo él
-
¿Tiene FONASA?- preguntó la recepcionista
-
Sí - respondió ella
-
Páseme su cédula de identidad – le pidió la
funcionaria
-
Ella abrió su cartera y comenzó a
escarbar entre las muchas cosas que andaba trayendo, hasta que al fin encontró
su billetera, la abrió y ¡SURPRISE! Su cédula la había dejado en su mochila, en
su casa.
-
No traje mi carnet, ¿Sirve algún otro documento?
-
¿Andas con tu pase escolar?
-
Sí.
-
Pásamelo.
-
Ella obedientemente sacó su pase
de la billetera y se lo entregó a la funcionaria de la ventanilla, quien
registró el R.U.T en el sistema.
-
Tú no estás inscrita aquí, debes ir hasta
Gondor Centro de Salud “Y”
-
¿Tenemos que ir hasta Gondor Centro de Salud
“Y”? ¿Usted sabe si hoy atienden?
-
Sí, tienen que ir allá, pero hoy domingo
atienden en Mordor Hospital. Pero esperen, le preguntaré al doctor de
turno si los puede atender.- Salió la funcionaria hacia una salita que estaba
detrás de ella.
Ellos por mientas impacientes, esperaban que el doctor de
turno sea vehemente y los atendiera, pero no. Volvió la recepcionista para
comunicarles que el doctor “Soy Amo y
Señor de Rohan centro de Salud X” dijo que no los atendería y que
debían ir a Mordor Hospital. Claro, ese doctor debió ser un puritano recalcitrantemente
retrógrado que seguramente pensó eran otra pareja de jóvenes irresponsables que
buscaban una solución rápida al problema. Pero no doctor, en el escudo DUREX habían confiado y el escudo DUREX les
falló.
Salieron rápidamente de allí y comenzaron a pensar lo
siguiente que harían. Debían ir hasta Mordor Hospital, pero seguramente
a ella le pedirían la cédula, así que lo más sensato era ir a buscar ese
bendito documento, que está al servicio de la burocracia de la salud pública
chilena, y luego dirigirse al Mordor Hospital. Entonces, tomaron un
colectivo que los llevó hasta el hogar de ella, quien subió rápidamente las
escaleras y comenzó a buscarlo. Cuando lo encontró bajó y se dirigieron en
busca de otro colectivo que esta vez los llevaría hasta el lugar donde el
anillo los espermatozoides debía ser destruido. Tomaron otro colectivo.
-
Me di
cuenta de algo- por fin él habló para romper un poco el nerviosismo
-
¿Qué cosa?- le dijo ella
-
No, nada.-
-
Ya po’, dime
-
Está bien, me di cuenta que desde que tomamos el
colectivo hasta tu hogar, todos los semáforos estaban en verde. Así que es una
señal, todo saldrá bien.-Dijo él. Esto la tranquilizó un poco y apretó
fuertemente la mano de él.
El chofer seguramente pensó que alguno de los 2 estaba
enfermo, ya que iba a una velocidad muy alta comparado con lo que se permite
normalmente en las ciudades. Cuando ya estaban cerca de Mordor Hospital,
se encontraron con los típicos turistas que andan lentamente, perdidos, en
busca de algún lugar. Estos despistados turistas iban delante de ellos, lento,
lento, por lo que el chofer del colectivo tuvo que aminorar la velocidad.
-
Parece que es un turista – dijo él para romper
un poco el silencio
-
Sí, turista, se nota al tiro, andan a “la vuelta de la rueda”- respondió
amablemente el colectivero – Pero yo no tengo todo el tiempo, ni ustedes
tampoco- El chofer aceleró y logró pasar al auto.
Por fin llegaron hasta Mordor hospital donde el
anillo los espermatozoides sería destruido. Entraron y acercaron a la
ventanilla para que los atendieran. Ella habló, pasó su cédula. El
recepcionista le dijo que esperara mientras la llamaban. Él y ella comenzaron a dar vueltas, de aquí a
allá, preguntándose si los atenderían relativamente de inmediato. No pasaron
más de 5 minutos cuando la llamaron para
atenderla.
Entró en una salita donde hacen los exámenes de rutina:
peso, estatura, presión arterial, etc. Le habló una practicante que a ella se
le hizo conocida. La practicante muy amable, comenzó a hacerle las preguntas de
rigor, cuando de repente le dice:
-
¿tú estudias enfermería, verdad?-
-
Sí - le respondió sorprendida Ella
-
Sí, me parece que te conozco- le dijo la
practicante- ¿Y a qué vienes?
-
Vengo a destruir el anillo la pastilla del
día después- contestó ella, sonrojada
-
Iré a
preguntar, tienes que pasar al Monte de Fuego Ginecología- le informó la
practicante- Espérame.
La practicante salió apresuradamente, le preguntó a una
profesora lo que debía hacer y cuando volvió se dirigió a ella y le dijo: -
Sígueme.
La siguió por un pasillo que luego de un corto trecho
doblaba hacia la izquierda, esta vez en un amplio pasillo. Una matrona recibió
los papeles y se dirigió a Ella:
-
¿Vienes por una urgencia ginecológica?
-
Sí- respondió tímidamente ella.
-
Sígueme
Ella siguió a la matrona hasta otra salita, quien le dijo
- Pasa ahí –indicando un pequeño cuarto dentro de la sala- y
desvístete
- ¡¿QUÉ?! – preguntó aterrada ella
- Viniste a Urgencia Ginecológica, tienes que desvestirte.
-Si vengo por una urgencia, necesito destruir el anillo la
pastilla del día después – dijo Ella en un intento desesperado para
salvarse de tal incómoda situación
-Ah – dijo despreocupadamente la matrona- Pero di eso desde
el principio, tienes que decir de inmediato a lo que vienes. – Y ésta se largó
a reír.
Luego de un largo interrogatorio, que incluían preguntas
como: si tenía hijos, cuando había sido su última relación sexual, etc.
Cuando la matrona le preguntó qué había sido
exactamente lo que había ocurrido, Ella ya mucho más tranquila le contó que el
escudo DUREX había fallado, que
habían sido responsables. La matrona amablemente le recomendó que debía usar
otro escudo pastillas anticonceptivas para que no ocurran accidentes
como el de aquel día.
Luego de esto fue la matrona fue por el
antídoto pastilla del día después que destruiría para siempre al anillo
de poder espermatozoides. Un alivio y una felicidad inmensa la embargaba
porque todo había salido a pedir de boca. Cuando por fin se tomó el antídoto y
que el anillo había sido destruido para siempre, había una sonrisa en su cara
que difícilmente alguien se la habría podido borrar.
Cuando llegó hasta donde estaba él, le dijo
contó lo sucedido y le dijo: “Todo salió bien”. Se fueron felices a comer
porque tenían hambre y estaban cansados. Dar batallas campales en la cama y
posteriormente destruir el anillo cansa a cualquiera.